En este verano porteño un recorrido infaltable son los parques y plazas de la Ciudad. Ferias,  artistas y espectáculos, de los más diversos, nos invitan a recorrerlos y disfrutar de ellos en todas sus formas. Hoy: la Feria de libros de Parque Rivadavia, en el barrio de Caballito.

 

“ Hey Jude”… Una voz masculina llegó a mis oídos desde algún rincón del barrio de Caballito. Se ve que como encantador de serpientes me llevó desde la estación de subte Acoyte, por los escalones, hasta la calle Rivadavia. Y antes de que ingresara como momia lobotomizada al corazón del parque, y me topara con un inmenso Bolívar de bronce montado en su equino con la espada en alza y la imitación porteña del Arco del Triunfo, un camino de toldos verdes y carritos de metal algo oxidados, se ganaron mi atención.               

Los Beatles se anularon en mi cerebro y me zambullí en las bandejas de revistas y pirkas de libros que te rozan la espalda, los hombros, como si tomaran vida a medida que avanzás. Algunos libros actuales con tapas intactas, otros con más experiencia encima y varios dueños en su haber, piden ser despertados nuevamente. Unos de Freud que se resignan a morir, hasta otros de Coelho que ruegan por ser importantes. 

La literatura Argentina late en las venas de esos pasillos, Cortázar, Borges, María “Helen” Walsh, Bioy Casares, y si jugás en el laberinto, inspeccionando, podés correr el riesgo que se te erice la piel con las colecciones de vinilos. Mi viejo, su tocadiscos y las tapas de los Rolling…                                                                                                                                                                                                                                     

Vuelvo a la melodía de fondo, ahora suena algo de Oasis, su música me acompaña mientras bajo la cabeza para no chocar una lona y saludo amablemente a quien me ofrece, por dos pesos, la serie completa de “Medium” o revistas de moda de los 90′. Las “Billiken” me soplan hacia mi infancia y a la señorita Graciela de tercer grado, mientras los programas de PC, a mi adolescencia y al ICQ.                       

Hay para todos los gustos y puedo asegurarte que seas quien seas, mi alma gemela o mi persona opuesta, recorrer esos metros te va a mover más de una fibra y te va a alimentar el cerebro… Te va a quitar más de una mirada nostálgica o un recuerdo dormido. Te va a regalar una mañana con datos históricos y culturales de Buenos Aires;  o una tarde recreativa entre niños desviviéndose por una burbuja de detergente o trepando a las bellas “islas de Ombú”. Compartir unos mates con la joven que le tira la pelotita a su perro o una charla sobre política con un hombre de tercera edad, mientras direcciona el tejo. Alentar a un muchacho que practica acrobacias por si llega a las Olimpíadas, los románticos de siempre perdidos por el césped verde manzana y los más estéticamente exigentes, manteniendo al día su bronceado.                                                                                                                                                                                                                     

Más alejado, el rincón de arte de los más pequeños donde Xul Solar parece soplar inspiración sobre las témperas.                                 

Y por allá,  el “sector vip” de reposeras y sombrillas amarillas que desentona con el predio.                                                                               

Así es el Parque Rivadavia, varios mundos dentro de otro…