Si asociamos la Ciudad de Buenos Aires con la Mujer, indefectiblemente pensamos en Puerto Madero y su afamado Puente honrando, al compás de un tango, lo femenino. Un paseo que abarrota a decenas de turistas y visitantes que no quieren permanecer excluidos de tal recorrido, de la mano con la visita a la hermosa Fragata Sarmiento, que te mira con nostalgia desde un brazo del Río de la Plata.

Tenía una lista de tareas por hacer… El laburo, el departamento, el colegio de mi hijo, las cuentas para pagar, las compras para la cena, entre más y más de escala menor. Al acomodar las fibras de mi cabello, apabullada por recordar cada guion, vino a mi mente un lugar…

De un lado La Boca, del otro,  San Telmo, más allá Retiro, y el Río de la Plata que le canta al oído. Me derretí en el cemento y escuché su historia.  Pensar que hacia el 1800 la escasa profundad del Rio actuó como defensa de la Ciudad, impidiendo el pecheo de los barcos extranjeros durante las invasiones inglesas. A partir de 1860 las construcciones de muelles y el relleno del terreno, activaron los motores. Para el año 1882, toma protagonismo la propuesta de Eduardo Madero, acerca de la construcción de un nuevo, funcional y atractivo diseño del puerto. Fallece antes de completar la obra. Idas y vueltas, aciertos y desaciertos, acunaron el avance de este gran proyecto que, aún no traía luz para chocar las copas. Razón por la cual fue contratado el Ingeniero Huergo pese a que su proyecto, anteriormente, había sido escuchado pero no aceptado. Finalmente, entre 1911 y 1928 el Nuevo Puerto era contraído y permaneciendo activo hasta el día de hoy. Al igual que el puerto,  entre crisis económicas, parates, tironeos y avances, pieza a pieza, montaron lo que hoy el barrio que hoy lo rodea.  

En los últimos años, Puerto Madero, se ha alzado con glamour, entre edificios modernos, empresas de renombre e Institutos reconocidos. Implantando  de la mano del arquitecto español, Santiago Calatrava,  un corazón femenino bajo la forma de un puente dedicado a la Mujer, resaltando de día por su blancura, magníficamente iluminado de noche.”

La lista se voló al cerrar la puerta.  Este rememorar hizo cambiar el rumbo de mi día.  ¿Y sabés qué?… allá fui.

Al llegar, me encontré con Lola Mora; me contó su infancia en norte del país, las manías de sus seis hermanos, y lo duro que fue para ella quedarse huérfana a los 18 años. De Santiago Falucci, su primer profesor, quien la inició en el arte de la pintura. Y… aunque no lo creas, me regaló imágenes de sus más reconocidas obras: La Fuente de las Nereidas y de los tantísimos cuadros de diversos personajes históricos y políticos de nuestro país. Me contagió su risa durante el relato de los “juicios de valores” que se ganó gratuitamente por sus esculturas de mujeres desnudas.  Caminando, metro y medio, me toma de la mano Juana Azurduy  – ¡Vení, vení!¡Sentí lo que es la Revolución, la Patria, el Amor y tu Tierra – Mientras sus palabras se acunaban en mis oídos, percibí en su mirada el color de la Libertad, el hambre de Victoria y su aliento de Valentía. La despedí con un abrazo. Y, antes rotar en el cemento, Aimé Paine me susurró una melodía mapuche – “Saber de la cultura de su pueblo, es saber de uno mismo”… ¿Cuánto sabés de vos misma? – Me preguntó escupiendo notas sobre la balaustrada de hierro gris que acompaña al río, al mismo tiempo que “Carola” Lorenzini voló mis pestañas piloteando su avioneta, con la bandera argentina de pashmina. Sentada en uno de los bancos de madera de la extendida costanera, Elvira Rawson de Dellepiane, me entregó  coraje para defender los derechos de las mujeres. Hablamos de medicina. Se llevó mi admiración. 

Caminando por sus calles transitadas, conversé apasionadamente con Olga Cossettini y Petrona Eyle. Juana Manso al correr hacia el Parque Mujeres Argentinas generosamente, me regaló unos “tips” para afinar mi técnica de escritura. Por su parte, Raquel Forner, me enterneció el alma, posando en mis manos mi retrato, pintado en una hoja seca.

¡Hoy es tu día! ¡Hoy es mi día! ¡Nuestro día!,  vos también podés echar a volar  esa lista y caminar por la Costanera , cruzar El Puente de la Mujer, y recorrer cada rincón lleno de historia… ¡Andá y hablá con aquellas icónicas Mujeres que han subido tantos peldaños sorteando rayos y tormentas para que nosotras hoy ocupemos el lugar que ocupamos, para que nosotras hoy sigamos luchando, para que nosotras hoy podamos gritar al viento que juntas podemos, que vivas y respetadas nos queremos!

 

 

#DondeEllasReinan