Mayo. Mes de patriotas  y revolucionarios, de allá lejos y hace tiempo. Momento de conmemoraciones en celeste y blanco de tantas victorias convertidas en polvorientos cuadros  de antaño.  Despacito , pero a paso firme,  aquellas instantáneas de causas justas e ideales libertarios se van  transformando en amarillentas  promesas de cambio.

Si bien, a simple vista, nuestra moderna  Ciudad Autónoma de Buenos Aires  parece situarse  a 200.000 pasos delante del espíritu  decimonónico de la Santa María de los Buenos Aires, también sabemos que la apariencia no es sincera. Más allá de los avances polifacéticos de nuestra urbe, en los tiempos que corren (que nos corren), la unión, la valentía y la fuerza de los revolucionarios de Mayo de 1810 parecen olvidarse y dejarse de lado, especialmente, en ámbitos parlamentarios.

Divisiones constantes, chicanas proscrastinadoras, divismos antifotográficos, stands up de baja calaña, proyectos “demoledores”, saqueos paleolíticos de fondos públicos, promos educativas de 29 x1 , promos sanitarias de 5 x 1, tenedor libre de tarifazos son algunas de las problemáticas históricas que nos afectan, nos limitan y nos separan de aquella esencia de libertad, progreso y fraternidad que movilizó a los fundadores de nuestra patria.

Ojalá tomemos conciencia y podamos ver más allá de nuestros sentidos!

Ojalá logremos repensarnos, y transformarnos de revolucionados en revolucionarios.