Junio 2018.   Si de conmemoraciones se trata, no podemos dejar de celebrar el centenario de la gloriosa Reforma Universitaria de 1918. Increíblemente, ya pasaron 100 años de aquella gesta histórica iniciada en Córdoba, que tuvo un efecto categórico en todo el país y el continente; en la que la Universidad deja de ser de élite; se transforma y emerge de ella la tríada  “docencia, investigación y extensión”  como estandartes que levantara hasta hoy. 

Y aquí aparece la gran pregunta,  la duda que tal vez …  ¿Cómo celebramos? ¿Cómo homenajeamos aquellos años de lucha por la democratización educativa? ¿Cómo evocamos dignamente aquellos invaluables derechos conseguidos? ¿Cómo prodigamos justicia poética a las almas libertarias de Deodoro Roca y sus camaradas?.
Las opciones de celebración indudablemente abundan pero, quizás, antes debamos preguntarnos si están a la altura – ancho y profundidad – de las circunstancias. Más allá de los actos emotivos, los discursos resonantes, y las placas lustrosas, tal vez sea el momento propicio para, de una vez por todas, hacer realidad lo proclamado en el decreto presidencial 05/2018. Esa declaración gubernamental, que destaca especialmente el propósito de evocar, analizar y actualizar el legado de la proeza estudiantil de principios de siglo, aún en estado de profunda modorra que, sumada a las”nuevas reformas educativas” lejos está de reivindicar los pilares de aquella gesta.

Por el contrario, los acontecimientos recientes no sólo desalientan las ganas de elevar la copa en nombre de un nuevo triunfo pedagógico sino que, principalmente, contradicen la esencia pluralista de la heredada reforma. La polémica iniciativa UniCABA, con su proyecto de cierre de 29 institutos de enseñanza terciaria, aparece como el temible aguafiestas del espíritu centurio. Su posible ejecución implicaría la supresión de las especificidades de distintas disciplinas, el adiós a 140 años de historia, el avasallamiento de profesores, maestros y 40.000 alumnos;  así como la erradicación de organismos de cogobierno. En pocas palabras, un verdadero atentado a la participación, la diversidad, la inclusión y la transformación educativa.
A 100 años, es momento de debates serios, de propuestas claras y de merecidas reivindicaciones a los logros del pasado.

Ya estamos en junio. No hay más tiempo que perder, vayamos por “aquellas libertades que nos faltan”!