#Rusia 2018, un nuevo mundial de fútbol, de banderas multicolores y, especialmente, de diversidades culturales. Como cada 4 años, los grandes jugadores  y los  fanáticos del deporte han desplegado su fulgor  en la mayor exhibición del balompié. Sin embargo, no sólo los goles y las multitudinarias hinchadas han adquirido protagonismo.

Tras las destrezas del juego, los saltos de Zabiwaka y las masivas convocatorias del FIFA Fan Fest, las peculiaridades de las naciones asomaron gloriosa e imperiosamente. Más allá del singular espectáculo del esférico, las pluralidades universales brillaron en suelo soviético.

De repente, lejanas tierras de sabor a vodka, se convirtieron en familiares territorios  de césped y cerveza. Súbitamente, el querido mate argentino – uruguayo adquirió pasaporte  especial en las concentraciones de galos e ingleses.

Mientras tanto, Japón se llevó la admirable medalla del juego limpio, dentro y fuera de la cancha. En medio de actuaciones notables, los seguidores nipones no dejaron vestigios de basura en su paso por los estadios al tiempo que, sus aclamados jugadores superaron la fase de grupos, por escatimar honorablemente en faltas.

Por otro lado, justo en el arco contrario, las costumbres  argentinas se hundieron en el ángulo con nostalgia. Contrariamente a las prédicas de selecciones ejemplares, los representantes locales derrocharon egoísmo, impotencia e improvisación al paso. Sin rumbo y con espíritu pseudotanguero, nuestros emblemas albicelestes demostraron, más que nunca, ser bien nuestros.

En fin, un mundial de mundialidades , de las buenas y de las malas!!!