Cuando la oscuridad se vuelve un valor…

En un mundo lleno de imágenes quedarse a oscuras es casi una proeza. Esto sucede en las obras, del grupo Teatro Ciego. Este espacio inclusivo en donde se realizan diversas actividades culturales, además del teatro, nos propone un espacio lleno de sorpresas y a la vez una experiencia que no nos es ajena.

Quién no ha cerrado los ojos para escuchar una canción, imaginar una escena, recordar. Entonces llega el momento en que Mendieta, el perro de Don Inodoro, se cruza entre las piernas de los espectadores y de repente somos visionarios de un teatro que nunca deja de ser una ceremonia, un viaje, tal como es el teatro en su máximo despliegue. Sonidos, voces, aromas, cuerpos que se cruzan y vibran cerca. Todo se vuelve espeso, potente, toma cuerpo y comenzamos a viajar en esos textos preciosamente propuestos a partir de la mítica historieta de Roberto Fontanarrosa. Todo es creación permanente porque la oscuridad permite esto, ahondar en nuestro cuerpo y en el de los demás, en quien está a mi lado escuchando activamente, tensando las manos, riendo, actuando junto a muchos otros espectadores.

La oscuridad se vuelve un valor y los recursos aparecen, siempre estuvieron, sólo que la oscuridad los exalta. Un mundo lleno de animales nos deja pensando en lo fácil que es dejar de ver para entrar en esa vida imaginaria que propone el teatro. Todo lo que sucede en escena es verdad, ver o no ver es un detalle, porque la importancia es la magia, esa otra verdad que se construye más allá de la visión, de los conceptos, los prejuicios.Hacer una rajadura en el mundo actual es un trabajo arduo y sólo se conquista colectivamente.

Antes de ingresar a la sala los espectadores somos ubicados en grupos de seis, en fila, apoyados en el hombro de otro y a partir de ahí guiados hasta nuestro asiento. Pienso en ese trabajo colectivo que es superar prejuicios de todo tipo y que sólo es posible con espacios como estos, que permiten reflexión, coraje, pero que a la vez lo hacen poniendo el cuerpo entero, resaltando los mejores recursos que cada actor propone. No todos los actores son  no videntes porque tanto videntes como no videntes eligen su profesión más allá de una condición física. Eligen el teatro.

Al salir de la sala la luz impacta, los espectadores tardan en tomar contacto con el espacio, es como despertar de un sueño. Creo que lo maravilloso de apostar por el teatro es abandonarse al juego, descubrir, lanzarse al mundo junto a otros. Ver es un poco esto también. Vos qué pensás?