Hace un par de viernes tuve la grata oportunidad de asistir por primera vez a una función de teatro ciego.

La experiencia fue maravillosa. En medio de un salón totalmente a oscuras, las voces, los sonidos y los olores fueron los protagonistas de la función.

Fue como meterme en el medio de la obra y ser yo misma una de las protagonistas.

Nunca había asistido a esta modalidad de teatro ¿por miedo a sufrir claustrofobia? ¿miedo a aburrirme? Tonta de mí. Nada de eso sucedió.

La obra de Inodoro Pereyra está desarrollada en forma imponente. Hasta Mendieta  (el perro) rozó mi pie. Fue muy divertido: ante la sorpresa dije algo así como “salí de acá”.

El público se rió mucho durante la obra, y los 50 minutos que duró se pasaron rapidísimo.

Imaginarme a cada personaje, los paisajes, la casa… Todo lo que se planteaba en la obra es comparable a cuando leemos un buen libro en el que viajamos, soñamos, reímos.

El trabajo de los actores es excelente. Magistral sin escenografía. La escenografía se desplegaba entre medio del público.

Al recordar ese momento, aplaudo de pie.

Recomiendo que vayan a ver la obra de nuestro querido fontanarrosa.

Sé que la van a disfrutar, aunque sean muy jóvenes y no conozcan la historia de nuestro gaucho argentino Pereyra.

Aplauso para todos aquellos  profesionales del arte que pusieron en escena aquella historia que acompañaron tantos años de mi vida.

Graciela Amalfi/ Escritora

 

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#TeatroCiego: Experiencia Inodoro Pereyra