Cada 21 de noviembre el mundo celebra el día de la televisión. Lo hacemos para recordar el Primer Foro Mundial sobre ese medio organizado por la ONU en 1996. En ese entonces se alentó a los países a promover programas centrados en la paz, la seguridad, el desarrollo económico y la cultura. Esta fecha puede ser una oportunidad para reflexionar sobre los contenidos de nuestra TV y si contribuyen a fomentar los valores que queremos como sociedad.

 

La tele en nuestro  país

Nació el 17 de octubre de 1951 con una transmisión del último acto de Evita junto a Juan Domingo Perón. La primera emisora de Argentina fue Canal 7, hoy denominada Televisión Pública Argentina con sede en la ciudad de Buenos Aires, que es la que tiene mayor cobertura a nivel nacional.

Años más tarde, el 1 de mayo de 1980 arribó la televisión a color. La encargada de presentar el histórico acontecimiento fue la locutora Lidia Satragno, más conocida como «Pinky», quien anunció: «Señoras y señores, con ustedes, la televisión a color». A partir de allí, programas como el de Susana Giménez, Mirtha Legrand, Marcelo Tinelli o novelas como “Grande Pá” o “Amigos son los amigos” fueron marcando la entrada de la televisión a la vida cotidiana de los argentinos.

 

El debate por los contenidos

Junto con la masividad de la tele y su impacto en la cultura y la comunicación, surgieron también los planteos críticos sobre cuáles son los contenidos que deben fomentarse y si todo es aceptable en función del rating. De este modo, se empezó a poner la mira en programas que emplean el sensacionalismo, el morbo, el escándalo, el sexo o la violencia como eje para captar a los públicos.

Otra de las cuestiones que incluso hoy se encuentra en discusión tiene que ver con la importación de programas extranjeros. En este sentido, los programas de concursos o los famosos “reality shows” fueron vistos como “programas enlatados”, que muchas veces van en contra del desarrollo de una producción nacional.  

La TV que queremos

Muchas veces se ha referido a la televisión como la “caja boba”, cuando nos distancia de las relaciones humanas y nos hace perder la conexión con la realidad. También se la ha cuestionado por no cumplir una función educativa y de reflexión en los telespectadores.  

Para que ella se convierta en la TV que soñamos es necesario el compromiso de todos. Del Estado, para generar políticas que protejan la producción nacional frente a la competencia de los programas extranjeros; de los productores para crear contenidos de calidad y de los públicos para elegir responsablemente lo que vemos y hacemos ver a nuestras familias.