Hacer síntesis cuando las cosas siguen cambiando de manera acelerada, cuando el día a día obliga a replantearnos objetivos, tomar posición, desviar el rumbo, dirigirnos con incertidumbre, es complicado. Pero pienso, acaso, si no es el arte quien nos ha enseñado esto a lo largo de toda su historia, si no ha sido desde ese lugar donde la realidad se vuelve vital, se comprende y se proyectan escenarios colectivos para cambiar lo que se pueda.

La mayoría de las notas de este año, en esta sección que me ocupa, han intentado recuperar experiencias artísticas frente a las crisis. Muchas de ellas poniendo en el centro la pregunta acerca de la necesidad que tenemos del arte, de sus caminos, sus avatares, girando todas en relación a los desafíos que el año nos trajo. Las calles de la ciudad son el epicentro de nuestros conflictos pero también del crecimiento, todas las luchas se dan en este espacio lleno de símbolos. Recuerdo la marea verde, los abrazos por la educación, lo noche de las librerías, los músicos callejeros, los murales de artistas locales, la escultura de Lola Mora en medio de la ciudad, dejando el aliento de combate y belleza a la vez. Como vemos ninguna de estas expresiones es resultado del abandono, más bien todo lo contrario, son voces dibujadas en sus distintos espacios artísticos para dar cuenta de la realidad.

Hacerse escuchar no es fácil, mucho menos cuando el ruido mediático es el que sobresale, vivimos inundados de noticias irrelevantes, mares y mares de violencia sólo en términos cuantitativos, atravesados, ensordecidos por economistas que nos mandan a comprar dólares. Pero de repente tomamos un subte y como algún tipo de visión, una melodía se escucha a lo lejos. Se trata de un músico que propone, disipa nuestras confusiones diarias, nos da una oportunidad.

De repente entendemos el esfuerzo que se concreta en muchos rincones de la ciudad, alguien que sostiene un espacio cultural cobrando cursos a la gorra, las publicaciones de libros con editoriales independientes para sostener voces, reclamos, literatura cotidiana.

Hemos salido a buscar, deberíamos hacerlo siempre, sitios de encuentro entre el arte y su gente, rastreando murales por la ciudad en cuyos nombres sobresale nuestra identidad. El quehacer de los artistas no puede nunca estar lejos de sus lugares, sus costumbres, por eso nuestra invitación ha sido ser un poco turistas, historiadores, curiosos, dándonos la posibilidad de tener una mirada atenta y descubrinos en cada barrio, en una estación de subte. Y quiero contarles un hallazgo reciente. Estamos acostumbrados a ver solamente músicos en los subtes, esta vez un actor subió con un títere que hizo de partenaire. Un títere y un actor, una materialidad distinta, una irrupción física preciosa, la posibilidad de jugar y dejarse llevar al mundo de los muñecos, por unos minutos. El arte tiene estos recursos maravillosos, ligados a la sorpresa, a dejarnos casi sin defensas, a suspender la pretendida realidad: ese momento de ilusión que irrumpe también es real, tan real que el silencio y el aplauso son los gestos más evidentes de un espectador que ve teatro en el subte, que entra en ese espacio imaginario que el teatro propone. Recuerdo la hermosa experiencia de Teatro Ciego, en plena oscuridad el campo se hace presente, los animales corren, la lluvia y el viento nos rozan, el río se desborda, la luna aparece. No me queda más que pensar que el arte hace ver allí, donde las cosas se apagan, es que un poco la crisis, que fue y es un enorme desafió para cada uno y para todos juntos, es el momento en que las prioridades resurgen, los recursos se agudizan, las oportunidades se generan.

No me gusta pensar en los cortes, creo en las continuidades, las lentas transformaciones, el trabajo consciente con la voluntad como frente. Será por eso que el arte sigue siendo el mejor escenario, allí la vida se vuelve valiosa, las luchas son intensas: los ojos ven.

Deseo seguir invitándonos a caminar por la ciudad y redescubrirnos en alguna canción o reflejarnos en algún mural. Esa, es la invitación permanente de una ciudad que todos los días cambia su paisaje. Sigamos en esa búsqueda!.