No somos la misma sociedad que hace un par de años atrás. Estamos siendo testigos de un momento histórico donde un colectivo social, las mujeres, como un puño derriban las barreras que las condenaban a una vida muchas veces marcada por el miedo, la soledad, el silencio y la violencia. Así, en este último tiempo aprendimos a hablar de género, empoderamiento y sororidad, palabras que señalan el camino hacia un mismo derecho: Igualdad.

Frente a los crecientes casos de violencias, femicidios y otros sometimientos, hay un movimiento diverso que hoy levanta la cabeza y que una y otra vez deja sus huellas en las calles. Tal vez impulsadas por este clima de cambio ellas ahora se animan a alzar sus voces contra injusticias cometidas desde hace siglos.

Recientemente la actriz Thelma Fardín denunció al reconocido actor Juan Darthés por haberla violado cuando aún era menor, hace diez años. Tras ella le siguieron otras mujeres que denunciaron a personalidades e incluso a políticos por distintos abusos cometidos. Llega la hora en que somos más quienes queremos ponerle fin a esta historia de opresión.

Que nos haga ruido

Muchas de las agresiones realizadas contra las mujeres tienen un fundamento cultural. Crecemos percibiendo un mundo dividido en dos: los hombres y sus cosas por un lado y las mujeres y las suyas por otro. De allí que se relacione por ejemplo a los hombres con deportes como el fútbol y a las mujeres con las tareas domésticas.  

A su vez, se vincula a los varones con características como el coraje, la fuerza y la razón; y a las mujeres con la belleza, los sentimientos y las pasiones. Pero en este juego de representaciones, muchas veces, las actividades, funciones y roles asignados a las mujeres son desvalorizados.

Por eso es importante que desnaturalicemos esas representaciones y no las tomemos como obvias ni exclusivas o definitivas para cada género porque no lo son y porque esconden la raíz del sometimiento. Se trata más bien de características de todos los seres humanos. Las mujeres tienen coraje y los hombres sentimientos, aunque muchas veces no los demuestren para poder cumplir con su posición socialmente asignada y consagrada.

De la teoría a la práctica

La mirada de género no es solamente una cuestión teórica. Si no queremos un país con este tipo de violencia es necesario que repensemos y cambiemos muchos de nuestros hábitos cotidianos. Las siguientes preguntas pueden funcionar como disparadores:

En el trabajo ¿qué porcentaje de mujeres ocupan cargos de decisión? ¿cómo son sus salarios en relación a los de los varones?. En nuestras familias ¿colaboramos equitativamente con las tareas del hogar o recaen siempre en la “ama de casa”?. En la tele ¿Es bueno que veamos programas donde las mujeres son exhibidas como objetos sexuales?. En la calle ¿es el hostigamiento y el acoso verbal (los llamados “piropos”) algo frente a lo cual ellas deban acostumbrarse?

Hoy nos encontramos en un punto de inflexión que también es una oportunidad para avanzar hacia una sociedad humanamente más desarrollada. De nosotros depende que los debates y movilizaciones que florecen en estos días queden en una simple tendencia o cuestión del lenguaje o que se conviertan en verdaderas herramientas para transformar realidades.