La historia nos enseña la importancia de no volver a repetir los errores del pasado. Una de las grandes atrocidades cometidas por la humanidad sin lugar a dudas fue el Holocausto perpetrado durante la Segunda Guerra Mundial. Millones de personas a quienes los nazis consideraban por fuera de la perfección aria, entre ellos, judíos, gitanos, homosexuales y personas con discapacidad fueron sistemáticamente perseguidos y trasladados a campos de exterminio.

El 27 de enero de 1945 se produjo la liberación de los prisioneros de los campos de Auschwitz-Birkenau debido a la llegada de los soldados soviéticos. Para mantener viva la memoria histórica, la UNESCO estableció esa fecha como el Día Internacional de Conmemoración en memoria de las víctimas del Holocausto.  

Cuando las tropas soviéticas llegaron al lugar se toparon con los signos del horror: montañas de cuerpos sin enterrar, miles de trajes de caballero y vestidos, así como 6500 kilos de cabello humano preparado para su venta en Alemania. Allí también se encontraban cerca de 7000 personas, extenuadas y enfermas. A pesar de los esfuerzos de las tropas y médicos de los aliados más de la mitad fallecería a los pocos días de haber sido liberados.

Hoy, muchos años después del Holocausto aún persiste el antisemitismo y se incrementan otras formas de discriminación en pos de una idea de normalidad arraigada en las culturas e incluso representada por determinados partidos políticos y gobernantes. Con demasiada frecuencia se producen agresiones y crímenes contra aquellos que difieren de la norma social.

Por eso es importante que esta fecha sirva para reflexionar sobre estas aberraciones y tomar conciencia de que no pueden volver a ocurrir jamás. Que a partir de allí podamos luchar por un mejor presente, de respeto hacia la dignidad de todos los seres humanos y convivencia pacífica entre las naciones.