Desde Subterráneos de Buenos Aires, la empresa concesionaria de los subtes, informaron que ya se encuentran en funcionamiento en la línea D cinco nuevas formaciones Alstom 300, y que incorporarán diez formaciones más hacia fin de año. La controversia surge porque los coches viejos, modelo Fiat Materfer, serán transferidos a la línea E, que recorre los barrios del Sur de la ciudad.

Aunque estos trenes son idénticos a los de la línea H, funcionan con el sistema de señales ATP (Automatic Train Protection), a diferencia de aquella que opera con el sistema CBTC (Communications-Based Train Control).

El objetivo para los próximos meses es incorporar diez trenes más, hasta completar un total de 15 formaciones de este modelo en la línea D. La misma cantidad será asignada a la línea H. Con esto quedará relativamente estandarizada la flota de esa línea, que pasaría a tener una flota integrada únicamente con trenes Alstom (series 100 y 300).

Los nuevos trenes representan un pequeño alivio para los usuarios de la línea D, la segunda más utilizada de la red, que desde el año pasado arrastra problemas de funcionamiento y enfrenta un aumento de la demanda en la estación Pueyrredón como resultado de la combinación con la línea.

¿Existen pasajeros VIP y otros que no lo son?

 Con la noticia de la incorporación de nuevos trenes para la línea D, que recorre los barrios de Recoleta, Palermo y Belgrano, en las redes sociales la gente comenzó a expresar su malestar sobre la decisión de trasladar los vagones más viejos al subte que hace el recorrido por los barrios del Sur de la ciudad.

El punto es ¿por qué los trenes en peor estado son trasladados a la línea donde viajan en general personas con menor poder adquisitivo? ¿Por qué no ir renovando todas las redes de subte que acumulan quejas constantes por el mal servicio?

No es la primera vez que se plantean este tipo de cuestiones en cuanto a la organización urbana. Un debate similar se había suscitado en su momento para el servicio de trenes, donde las formaciones más modernas funcionaban en los ramales de Tigre y Mitre (que recorren barrios como Olivos, Belgrano, San Isidro y Martínez), mientras que las formaciones viejas y en mal estado integraban las líneas que recorrían la zona sur del conurbano (Quilmes, Berazategui) o barrios con menor poder adquisitivo.

La polémica está instalada. A veces las decisiones de organización de los espacios urbanos representan también gestos simbólicos de dónde se marcan las prioridades.