El debate por la igualdad de género tiene múltiples aspectos. Si bien en los últimos años hay una nueva conciencia igualitaria y se avanzó en muchos temas que marcaban una brutal diferencia entre hombres y mujeres, aún quedan muchas reivindicaciones por conquistar. Uno de los lugares donde aún se marcan fuertemente las diferencias es en el mundo laboral.

Según un informe reciente del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), en los últimos 20 años la inserción de las mujeres en el mercado de trabajo fue masiva y creciente. Sin embargo, en los últimos años hay una marcada desaceleración de esa tendencia. Los logros de las mujeres en cuanto a educación y formación no se tradujeron en una mejora de sus posiciones en sus trabajos.

Para empezar podemos referirnos a la brecha salarial. En general, las mujeres son peor remuneradas, aún en los países más desarrollados y ante las mismas responsabilidades o jerarquías.

Según las Naciones Unidas, a nivel mundial las mujeres cobran un 23% menos que los hombres. En nuestro país, esa brecha se amplía al 28%, de acuerdo a un informe del Instituto Nacional de las Mujeres basado en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH).

Esta diferencia aparece en todos los niveles educativos pero varía según el grado de formación alcanzado. Así, asciende al máximo de 46,7 por ciento en el caso de las personas con secundario incompleto. Por otra parte, si bien la disparidad salarial afecta a todas las trabajadoras, aumenta sustancialmente a partir de los 40 años.

Otra de las formas de segregar a las mujeres en el mercado del trabajo es a través del llamado “techo de  cristal”. Este concepto que refiere a un conjunto de barreras invisibles o veladas que limitan o directamente cancelan el acceso de las mujeres a puestos de responsabilidad y toma de decisiones como los que ocupan los varones con mucha más frecuencia. 

Los datos demuestran que en nuestro país la participación y el acceso de las mujeres a cargos de decisión, tanto en el ámbito público como privado, están muy limitados. En cuanto al gobierno nacional, de los 20 ministros actuales solamente 2 son mujeres (Patricia Bullrich en el Ministerio de Seguridad y Carolina Stanley en el de Salud y Desarrollo Social), lo que equivale a un 8% del total. A su vez, sólo un 38% de los 257 diputados y 42% de los 72 senadores son mujeres.

En lo que hace al sector privado, según un relevamiento hecho por el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) las mujeres ocupan 4,4% de los máximos cargos ejecutivos (CEO, Presidente/a, Director/a General) de las grandes empresas, listadas como las 1000 empresas con la facturación más alta en 2009 según la Revista Mercado. A su vez, solamente 7% de los miembros de las comisiones directivas de cámaras empresarias son mujeres.

Las mujeres también sufren una segregación horizontal, esto significa que suelen insertarse en áreas consideradas como “feminizadas”, cuyas tareas son extensiones de responsabilidades de cuidado doméstico. Se trata de sectores con menor remuneración y dinamismo. Así, en nuestro país las actividades donde se desempeñan mayormente las mujeres son: 17,47% en el servicio doméstico, 16% en el comercio minorista, 13% en la enseñanza, 10,85% en los servicios sociales y de salud, 8,18 % en la administración pública, 6,18 % en actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler (fuente: www.elsalario.com.ar/mujer/recuadro).

El trabajo invisible de cada día

Además de estas situaciones injustas que atraviesan las mujeres en el mercado del trabajo, cotidianamente ellas realizan una labor no remunerada pero de vital importancia para el sistema productivo: las tareas domésticas y de cuidado del hogar. A pesar de que actualmente hay una mejor distribución de las actividades hogareñas, aún existe una asignación cultural de las mujeres como cuidadoras «naturales» que perpetúa esta distribución del cuidado, afectando especialmente a las mujeres más pobres.

Según el INDEC las mujeres invierten 6 horas diarias en el cuidado de las personas dentro del hogar, mientras que los hombres sólo lo hacen 3,8 horas al día. Asimismo, el 86,7% de las mujeres llevan a cabo trabajo doméstico no remunerado, y sólo el 50% de hombres realizan esas funciones en el hogar. De igual forma, 9 de cada 10 mujeres cumplen estas tareas mientras que 4 de cada 10 hombres no realizan ninguna de ellas. A nivel general, el 76% del trabajo doméstico no remunerado es realizado por las mujeres.

Por eso, el próximo 8 de marzo es una oportunidad para reflexionar, debatir y concientizar sobre estas problemáticas. Es necesario entender que las cuestiones de género no son simplemente formas de ver el mundo o “ideologías” que forman parte de un grupo o sector de la sociedad. Se trata de situaciones reales y concretas que reproducen la injusticia todos los días y que deben ser modificadas o por lo menos debatidas para generar un cambio favorable a todos y todas.